¿Cómo elegimos una extraescolar para nuestros hijos o hijas?

En estas fechas nos encontramos con la disyuntiva de que haremos durante las tardes, como nos organizaremos con la pareja o amistades para poder acoplar los ritmos de nuestros trabajos con los de las actividades. Tratamos de buscar un equilibrio logístico al mismo tiempo que intentamos que las actividades sean lo mejor para nuestros peques. Entonces...¿Cuáles son los criterios a tener en cuenta a la hora de elegir la extraescolar más adecuada para cada quién?

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Si tienes claro lo que le gusta a tu hijo o hija creo que ya está resuelto qué actividad es la mejor para mantener una fluidez durante el curso. Ahora bien, puede que le queden algunas tardes, puede que esta opción no sea válida para la familia o que no nos coincidan los horarios o los precios.

En muchos casos tu propio hijo o hija no sabe lo que más le gusta y todo o nada podría ser una opción. En este caso, como adultos referentes solemos seguir varios criterios:

  1. Apuntarle a lo que nosotros (referentes familiares) nos hubiera gustado hacer.
  2. Apuntarle a aquello que cubre las carencias que nosotros hemos tenido.
  3. Apuntarle a aquellas cosas que nosotros o el colegio no podemos darle.

1. ¿Qué ocurre cuando, con nuestra mejor intención, les apuntamos a lo que a nosotros (o a nuestra pareja) nos hubiera gustado hacer?.

Este criterio de elección puede que nos dé algo de calma como adultos y sintamos satisfacción al estar cubriendo, a través de otros, nuestras pasiones. El conflicto llega cuando a nuestros hijos o hijas no les gusta o no lo valoran. En ese caso, seguramente, experimentáremos una desconexión con él o ella, conexión que, por otro lado, nunca hubo pues era nuestro deseo de hacerlo y no el suyo. 

Esto, que parece muy burdo así escrito, es más común de lo que parece, incluso tendemos a contrarrestar las carencias con unos y otros hermanos y pasamos nuestras expectativas de unos a otros.

En este caso, creo que lo mejor es que nos quitemos cuanto antes la espinita y nos apuntemos nosotros mismos a lo que nos guste o nos gustaba, con valentía. Cambiemos nuestra extraescolar “obligatoria” por una que, aun siendo adultos, nos haga ilusión y nos aporte energía renovada.

2. En el segundo caso, cuando les apuntamos a lo que nosotros nos faltó y nos hubiera venido muy bien hoy en día, estaremos apostando por aquello con lo que nosotros ya tenemos una relación dañada, tratamos de que nuestra hija o hijo no sufra nuestro sino, con la mejor intención, pero inevitablemente le estamos cargando con el peso de nuestra carencia.

La motivación para apuntarle es parecida a la primera, solo que en vez de animarle por una motivación pasada le apuntamos por una frustración del presente.

3. Por último vemos la opción de contrarrestar por las tardes lo que por otro lado no tienen.

Esta opción tiene también el peligro de estar llenando nuestras expectativas, pero la diferencia es justo esa, que nos desprendamos del resultado y estemos abiertos a valorar nuevas opciones.

Todo esto lógicamente adaptado a nuestras posibilidades pues los padres y madres tenemos que estar des-ahogados para que todo fluya y cuidar nuestro propio desgaste que, por cierto, repercute igualmente en el antes y el después de la actividad.

Seguramente, coincidimos en que el aportarles lo que no tienen en el cole como: tiempo libre, contacto con la naturaleza, relación con su familia… es maravilloso. El tema es que eso no siempre puede darse, la energía del adulto es limitada, no infinita y la del niño a veces la sobrepasa, el peligro de las tardes en casa en mi opinión, es el abuso de las pantallas que continúan con la actitud receptiva, pasiva y evasiva del menor.

Creo que la opción de apuntarles a lugares y actividades donde experimenten lo que les llama la atención es la más saludable y es la que tiene más posibilidades de ser un triunfo, en primera instancia porque, al no estar involucrados personalmente como adultos, no hay expectativas de triunfo.

Lo suyo es hacerlo, no con el afán dé que todo se les de bien, sino con el ofrecimiento de que, realmente tengan elección y experimenten la posibilidad de la aventura, de probar cosas diferentes y de verse en situaciones diversas.

De la mano de esta elección creo que debemos darles la oportunidad de mantener el compromiso de asistir mientras se forma parte y se pertenece a ese grupo o actividad, pues de lo contrario el menor no valorará a las personas involucradas en esa actividad. Esto varía en función de la edad, pero es importante no confundir capacidad de elección con falta de compromiso.

En este punto creo que es importante una extraescolar que les permita “sacar”. Dejar de ser receptores de contenido como lo son durante seis horas en el colegio para poder ser creadores de una parte de su tiempo, de sus tardes.

Busquemos un espacio en el que se les permita ser como ya son, dónde les den herramientas para expresarse.

Si la extraescolar les permite «soltar» tendrán la oportunidad de conocerse, de experimentar con su cerebro, con su cuerpo o sus manos.

Las personas no necesitamos llenarnos de cuantas más cosas mejor, tampoco los niños, no necesitamos sumar y sumar conocimiento o destrezas, urge más saber gestionar nuestros propios recursos. Saber qué nos llena y qué no, saber cómo funcionan las habilidades y debilidades que tenemos. Y cuando sepamos claramente para donde tirar podremos profundizar y sumergirnos en un esfuerzo satisfactorio.

Conseguir un lugar que les permita ejercitar y manejar su creatividad es lo que más les puede centrar al mismo tiempo. 

Recordemos, dicho sea de paso, que la creatividad en unos años será lo único que diferenciará al ser humano de la mecanización y los avances tecnológicos.

Estas características pueden darse en todas las actividades, no solo en las artísticas, también en las deportivas, las de apoyo escolar o incluso en los idiomas, esto dependerá de la perspectiva y metodología de quién imparte la actividad.

Para mí 10 de los aspectos más importante que tiene que tener una extraescolar son:

  • Que sea algo elegido por la niña o el niño.

  • Que se le dé la posibilidad de probar y que pueda ser cambiada por otra en caso de rechazo.

  • Que exista un compromiso a corto-medio plazo con la asistencia para que quede una sensación de satisfacción con la experiencia.

  • Que sean tratados con el mismo respeto que nos tenemos los adultos, que se les ayude a gestionar la frustración desde la inteligencia emocional y la resolución de problemas. Que se les permita tener días de menor o mayor intensidad y se acompañe su momento presente.

  • Que los niños experimenten libre movimiento ya que es el motor de la neuroplasticidad y la toma de decisiones. Hay que tener en cuenta que esta es una de las mayores carencias del sistema educativo y tratar de compensarla.

  • Que los niños tengan opciones variadas a lo largo del curso para que sientan que la actividad evoluciona con ellos. El cambio les proporciona motivación y les permite trabajar la capacidad de adaptación y la flexibilidad cognitiva habilidades imprescindibles para los tiempos que corren.

  • Que sean escuchados y tengan la posibilidad de participar activamente en la planificación del temario siguiendo así sus inquietudes y su curiosidad. Contrarrestando así otra de las carencias de iniciativa y liderazgo que experimentan las personas a lo largo de sus 12 primeros años.

  • Que sean tenidas en cuenta sus particularidades físicas y cognitivas y se tome como premisa el cuidado mutuo y el compañerismo.

  • Que los referentes sean maestros y maestras no solo de contenido, sino en el modo de relacionarse con la vida. Porque los niños aprenden más de los que ven que de lo que escuchan. Que sus enseñanzas y contenidos sean ayudas para la vida real con las que ellos se sientan más seguros en el entorno en el que viven y con el que interactúan.

  • Que exista información transparente a los familiares de qué hacen los niños y niñas durante el tiempo pasado en la extraescolar.

Y por último, recordar que los cambios no son malos, al contrario, son lo que ayudará a nuestra hija o hijo a adaptarse al mundo cambiante en el que vivimos.

Todo está siendo cambiante y ellos tienen el derecho a probar desde sus inquietudes pues realmente a eso vinieron a este mundo: A vivirlo.