Historias con palos de emociones

Esta tarde hemos estado haciendo “realititys de emociones” con amigos de la guarde. ¡Es increíble como esos palos pueden inspirar a crear historias con tanto contenido!

Prácticamente lo único que destaca en los personajes son los gestos, son 10 palos con algunas de las emociones básicas, por detrás tienen escrita la emoción, para que cuando nosotros juguemos con ellos, siempre se la mencionemos con el mismo nombre y no les confundamos al identificarlas.

Lo primero a valorar, tanto con estos palos como con otros juegos de emociones, es ver si ambos estamos de acuerdo en cómo se siente cada emoción. Es decir, ver si estamos hablando el mismo lenguaje, porque, aunque les estamos concretando como se llaman, primero hay que observar si ellos lo entienden diferente (esto también podemos comprobarlo entre adultos, por cierto). Por ejemplo, las emociones: nervioso/enfadado/ira/triste/celoso tienen, en edades tempranas, sutiles diferencias.

Estos palitos tan simples me han ayudado, al escucharles jugar entre ellos, a entender cuáles son los atributos que le dan a cada emoción y de qué manera son variables.

Partiendo de ahí, podemos irles explicando (con el juego) como se toman y sienten esas emociones en nuestra sociedad o familia. Representando con los palitos, como si fueran personajes, cómo se reacciona ante cada emoción y considerando que todas son igual de validas, aunque algunas sean socialmente menos aceptadas que otras (no por la emoción en si, sino por las reacciones que estas provocan, que pueden ser más o menos deseables). Por último, podemos ejemplificar con los muñecos las diversas reacciones e identificar las que podemos cambiar nosotros, (no la emoción en si misma sino la forma de afrontarlas). 

Ejemplo: El Enfadado ha empujado al Confundido que le ha roto su juguete, pues vemos cómo hacer que el enfado en vez de golpear llore, pida ayuda, llame a un amigo para arreglarlo o le diga al Confundido que eso le ha dolido mucho y que ahora necesita un tiempo para relajarse (cambiamos la reacción no deseada dando varias opciones, no nos metemos a juzgar la emoción).