Laboratorio pintar la música

Cada nota es un paso, cada paso un trazo, cada giro y cada sonido que hacemos con nuestro cuerpo queda reflejado sobre un papel. La música pasa por nosotros y se traduce en movimiento, y ese movimiento se traduce a la vez en color.

Este es un laboratorio que necesita especial preparación, tanto de la sala como de los participantes, pues en caso contrario podemos encontrarnos con la desagradable frustración.

Para preparar el espacio utilizamos telas, manteles, sábanas o papel corrido, tratando de forrar todo aquello que no queremos que quede manchado. Las pinturas, si son témperas de fácil limpieza, mejor.

Si trabajamos con personas conocidas podemos adaptarlo a cada quién, pero si no tenemos ni idea de por dónde van a salir, es mejor preparar varios ejercicios de cuerpo-mente-cuerpo hasta que veamos que todo fluye sin necesidad de intervención.

Comenzamos preguntando como estamos, localizamos la emoción en el cuerpo, realizamos estiramientos, con una música relajante y los continuamos con algo de improvisación en música contemporánea. Los participantes pueden ir proponiendo pasos y los demás les seguimos.

A continuación, ponemos música de percusión marcada y tratamos de seguirla con los pies o un zapato que haga ruido sobre un tablón, siguiendo un ritmo a tierra, de 4 tiempos.

Con esto hablamos de los tiempos musicales y de las notas que van del grave al agudo.

En un papel corrido pintamos la frecuencia del 
sonido agudo y ponemos una música de sonidos agudos, colores vibrantes y pinceles finos para irla representando libremente. Luego pasamos a la frecuencia de los graves con colores más tierra y un trazo ancho. Este orden es importante, puesto que lo primero que pintamos suele ser en pequeño y conforme vamos soltando el mismo movimiento del cuerpo pide trazos más amplios.

De este ejercicio pasamos de nuevo al movimiento, practicamos el trazo en un formato grande y cambiamos de música. Aquí se pueden introducir juegos como el de las sillas (al parar la música paramos nuestros cuerpos) o, si vemos que hay mucho barullo, hacemos turnos.

Dejamos que este ejercicio se alargue lo más posible. Si lo vemos necesario, podemos introducir algún comentario acerca de expresar sentimientos con el cuerpo, pero si están muy concentrados es mejor mantener el silencio.

Así hasta que el propio movimiento vaya bajando de intensidad y a continuación, poco a poco, damos a cada participante un marco, elegimos una música más tranquila y les proponemos que observen lo que ellos han dibujado con sus pies, manos, codos o cuerpos y que, una vez bien observado a nivel macro, van a dirigirse a un trocito de dibujo que quede “encuadrado” en su marco. Luego quien quiera explica al resto del grupo porqué ha elegido ese trozo de dibujo.

Lo interesante de esta parte es que verbalicen algo en referencia a la experiencia vivida. No necesariamente lo verbal debe ser revelador, es suficiente con que se queden con la idea de que existen muchas formas de comunicar.

Para cerrar calculamos algo de tiempo para estiramientos y relajación.