Lustrar zapatos

Este tipo de actividades de vida práctica quizás sean las que menos seguidores tienen entre los adultos, sin embargo, por todo lo que aportan me siento en la obligación de darles un papel principal y animaros a probarlas.

Quien está puliendo un zapato con movimientos repetitivos y precisos, busca hacerlo cada vez mejor. Lo que esta haciendo es perfeccionándose a sí mismo, a sí misma. Está poniendo las manos a su servicio, ensayando para dominar sus movimientos e ir ganando coordinación viso-espacial y  autocontrol.

La idea de estos ejercicios de “vida práctica” es que la mejora se desarrolla a nivel individual sin necesidad de la constante dirección de un adulto.  

Lo que hay que controlar en estos ejercicios es el miedo a que “salga mal” (porque todo es un intento) y el miedo a manchar (porque es parte del proceso). Por eso es tan importante la preparación previa y una presencia armoniosa por parte del adulto la primera vez que se lo mostramos.

Como en otras ocasiones al ejemplificar como funciona esta actividad es importante la precisión y la emoción que le ponemos, pues al trasmitir belleza en el acto más simple permitimos la maravilla de ilusionarnos y eso luego se vuelve una cualidad de la forma de ser.

 

La presentación se realiza de la siguiente manera:

Preparamos en una bandeja un zapato de piel, un paño limpio pequeño (de unos 10 cm por cada lado), un tarro con crema, un cepillo para lustrar. En otro lugar tendremos los paños grandes, alfombras o tapetes impermeables donde vamos a apoyar todos los objetos mientras lustramos. Podemos tener a mano otro paño pequeño limpio para que el niño lo haga después. 

Presentación: sacamos con cuidado la bandeja de su lugar. Colocamos todos los objetos sobre paño grande  (si la mesa puede mancharse nos ahorramos ese paso). El zapato a la izquierda y la crema y el cepillo a la derecha. Cogemos muy poca crema con el cepillo y lo extendemos por el zapato muy lentamente. Cogemos el paño pequeño y frotamos todo el zapato hasta retirar todos los restos y dejarlo brillante. No tengamos prisa en la presentación, disfrutemos al mismo tiempo que medimos su reacción. Una vez satisfechos recogemos el paño en la bolsa de ropa sucia y guardamos lo demás tal como estaba al comienzo incluyendo el nuevo trapo.

Esto no son más de 15 minutos de reloj aunque parezca muy engorroso al principio. Recordemos que no tiene que ser perfecto e intentemos trasmitirle en todo momento «tú puedes hacerlo».