Navegar un barquito biodegradable

Otro ejercicio de muy bonito de hacer es el de ver flotar una construcción propia. El trabajo consiste en recoger del campo ramas de un diámetro y una largura parecidas para la base, luego alguna más larga para usar de mástil o para doblar en forma de arco, hojas amplias para la vela y flores frescas para adornar.

Las maderas las anudamos con un hilo orgánico que se deshaga fácilmente o, si encontráis ramitas flexibles que puedan atar, mucho mejor.

Hacemos una base de troncos y la atamos con alguna cuerda natural de cañamo o shambira, luego colocamos algo que se eleve para darle forma de barco, algo que pese poco para que el barco no vuelque.

Seguidamente lo adornamos con hojas, flores o frutos. Nosotras también encendimos algunas velas para hacer más bonitos los preparativos, pero estas no las llevamos a la naturaleza.

 

Comprobamos que no vuelque y lo echamos a navegar en un rio, pantano, o en el mar. Si estamos en un lugar de aguas transparentes podemos ponerle en la base unos trocitos de pan para ver como los peces se acercan a comerlo.

La ilusión que le hizo a mi hija esta actividad me sorprendió mucho, creo que es una sensación muy bonita el que flote durante un rato algo que tu misma has construido, por eso poner especial cuidado en que la base sea sólida, los troncos no estén húmedos y las velas no pesen demasiado.

 

Fue también muy bonito ver como se deshacía el barco con las olas y las flores quedaban repartidas por toda la playa.

 

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